jueves, 4 de abril de 2013

EN TODO CONFLICTO

En todo conflicto, siempre existe la posibilidad de tomar más de un curso de acción.
El conflicto que nos causa mayores problemas es aquel que tiene que ver con nuestras obligaciones o con la elección entre seguridad y libertad, y generalmente provoca gran tensión interna.
Somos afortunados si estamos conscientes del origen del problema que produce el conflicto interno.
Sin embargo, muchas veces sucede que sentimos la tensión subconsciente sin tener conciencia de su origen, entonces la tensión puede adquirir manifestaciones somáticas, expresadas en dolores en el cuello, la espalda, el estómago.
El conflicto consciente, por otro lado, se experimenta como una tensión moral o ética. Es de gran utilidad averiguar el origen del conflicto, porque éste consume una gran cantidad de energía de la cual disponemos sólo una limitada cantidad cada día. El conflicto permanente es un consumidor impresionante de energía.
Por eso, cuando nos decidimos por una de las posibles opciones en pugna, percibimos de inmediato la liberación de la presión interna, la mente se despeja, el cuerpo vuelve a la normalidad.
Salimos fortalecidos, ampliamos nuestras fronteras y nos hemos hecho más conscientes.
La catarsis libera. Aristóteles expuso que la gente disfruta del drama porque le produce una sensación de alivio, lo que explica por qué nos agrada presenciar una película o una obra de teatro abundante en pasajes de tensión; explica por qué los niños disfrutan con relatos de fantasmas y aparecidos.
El principio de la catarsis ha sido también aplicado por psicólogos y psiquiatras en la eliminación de miedos reales, donde la técnica de libre asociación, retrotrayendo a la paciente al pasado, ha sido usada con gran efectividad.
El perdón libera. Ya Gandhi nos dijo que el perdón es la virtud de los valientes. Además es el precio que uno tiene que pagar por la libertad. No hay nada que adormezca más el alma, que retarde más el crecimiento espiritual y que coarte más nuestra libertad, que cargar con una pesada carga de resentimiento.
Si perdonamos, nos liberamos. Así de simple.
Cuando se sufre, se aprenden muchas cosas, entre otras, que es importante no causar pena a otros deliberadamente.
Sin buena voluntad de perdonar a aquellos que nos hieren, no hay ninguna posibilidad de que nuestra vida pueda transcurrir de manera significativa. Perdonar significa dar al otro, e indirectamente a nosotros mismos, una segunda oportunidad. Ninguna forma de sufrimiento puede durar mucho para quien perdona. El perdón sana.
DESCONOZCO SU AUTOR.

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